miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Educación en línea?

Como todos en mi generación -este año llego al medio siglo de edad- mi vida de estudio ha estado ligada siempre a un modelo tradicional. Estudiar, para empezar, era la única opción para aspirar a algo mejor, a un buen trabajo, a vivir más o menos cómodamente, a tener conocimientos para vivir mejor y hasta para disfrutar de la vida. Al menos, así era para los que no nacimos en cuna de oro.
La educación, el estudio, siempre ha estado ligada a un salón de clases, con un profesor (o profesora), su pizarrón (antes, con gises; hoy, con plumones de colores) ahora ya casi en desuso. Después vino el proyector de acetatos y el proyector de diapositivas, e incluso recuerdo haber usado un aparato raro, pocas veces, proyector de opacos. Con un sistema de luces y espejos lograba proyectar, de manera muy rudimentariamente, a juzgar con los avances de hoy, un libro, un cuaderno, una hoja en la pared o en el pizarrón.
Más adelante, ya tenía yo algunos años dando clase en la universidad, era un lujo tener un "cañón" en el aula, y había que ir a pedirlo prestado, traer los cables, conectarlo a la computadora, para que los estudiantes vieran el power point, que casi siempre leía, y en el que me había pasado horas trabajando. Hoy esos proyectores están instalados en todos los salones y yo los uso cada vez menos. Prefiero preparar mis clases (generalmente de metodología de la investigación o de sociología) en una hoja de papel y desarrollar un discurso en base a, generalmente, tres, cuatro o cinco puntos principales. Me interesa que los estudiantes sigan el discurso y que caigan en la provocación de algunas preguntas, algunas capciosas, otras retóricas, y discutan conmigo. Así, supongo, vamos entendiendo y compartiendo un lenguaje. Así aprendo yo y así me doy cuenta si me entienden, si les interesa, si le encuentran utilidad.
Recientemente me invitaron a diseñar un curso para una maestría en línea. Y a pesar de la carga de trabajo y los múltiples problemas que a diario tengo que resolver (o al menos pensar en ellos), allí voy de necio y acepté. Sólo para caer en cuenta que yo nunca he seguido un curso en línea, ni aprovecho los recursos virtuales que la universidad donde trabajo ha dispuesto para mí y para todos los profesores desde hace años, ni sé cómo hacerle. Pero aquí estoy. Leyendo, buscando, pensando y tratando de imaginar cómo hacerle. Sobre lo que sigue contaré en la próxima entrada.

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