Para mi padre, que hace dos semanas se me fue, y cuyo recuerdo me acompaña.
Esta semana tuve la oportunidad de asistir, en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, "el Ponchito", a tres conferencias de Wim Dierckxsens sobre su obra y su análisis sobre la realidad del capitalismo globalizado y un posible tránsito hacia una condición poscapitalista. Intentaré retomar algunos puntos que me llamaron la atención y me dejaron pensando, sin necesariamente estructurarlos como un todo coherente, sino más bien como esos flashazos que voy encontrando en la vida y alimentan mis andares sobre la bici, o caminando, o compartiendo con los amigos.
Primero, y es algo que ya había sentido cuando primero leí a Dierckxsens en el seminario del doctorado, hará cosa de un año, quiero destacar la sensación que me deja el análisis planteado: la de que "la culebra se mordió la cola", y hace evidentes los límites de un sistema cuya "vida" se alimenta de la muerte de todo lo que toca. Y es que no hace falta ser un analista destacado, basta abrir los ojos para ver el nivel de descomposición en que vivimos, por ejemplo, en relación al medio ambiente y los recursos naturales, que para el capital sólo están allí para ser explotados, expoliados, aprovechados. Para muestra, un botón: cuando voy por los pueblos cercanos al volcán, sobre la bici, no hay arroyo, río o cuerpo de agua que no sea un drenaje a cielo abierto, no hay agua sin contaminar. Y qué decir del hecho de que ya no hay proletariado o grupo social en desventaja al cual transferirle los costos de la concentración de la renta. Para mí el hecho más patente es el creciente número de migrantes que veo en Cholula, que antes no se veían por acá, o al menos yo no los veía, y están dispuestos a jugarse la vida para no morirse de hambre. Por cierto, una idea interesante sobre la migración, que dijo el autor, y que habría que seguir explorando para ver si sirve para iluminar otros tipos de migración o de movilidad, por ejemplo del campo a la ciudad. Y es que, decía él, la migración es una válvula de escape, una búsqueda de alternativas a la crisis, pero al mismo tiempo, tiene efectos de una profunda desmovilización porque, cuando tu proyecto de vida no está en tu país, en tu territorio, no estás dispuesto a jugarte nada, o casi nada, pues lo único que quieres es irte de allí. Quizá explica, al menos en parte, nuestra apatía ante los excesos y el autoritarismo de una clase política que ha perdido todo, hasta el decoro.