domingo, 6 de noviembre de 2011

Hacer lo que se quiere

Uno de mis trabajos, estos días, consiste en ayudar a los jóvenes becarios a pensar en su plan de vida, y a actuar en consecuencia. Son jóvenes, hombres y mujeres, venidos de la sierra a estudiar en la universidad. Se comprometieron, así lo establece el programa que los apoya, a "regresar a su comunidad". Así de vago y de amplio lo planteamos (yo participé en el diseño) hace cinco años. Constantemente pasan por mi cabeza, entre otros, dos cuestionamientos.
El primero: ¿hasta dónde tenemos el derecho a exigirles que regresen a su comunidad? La verdad es que difícilmente encontrarán trabajo allá. Al menos, un trabajo convencional, ese que existe en el imaginario o en la expectativa social, pero que es cada vez menos común: con horario fijo, con pagos periódicos y puntuales, con vacaciones pagadas, con prestaciones y con seguridad social... ¿Qué hacer, entonces? una opción, cuya viabilidad habría que explorar, es combinar un trabajo a tiempo no continuo y parcial, por ejemplo dar talleres para alguna organización, con la creación de una microempresa o despacho que dé servicios técnicos necesarios en la región, como asesoría para cultivo en invernaderos, o consultoría legal para asociaciones... Habrá que ver qué tanto funciona, y qué condiciones son necesarias para echarlo a andar y para sostenerlo.
El segundo cuestionamiento: ¿es válido hacer un trabajo sólo por dinero, o por cumplir, o porque no queda de otra? Por supuesto que no, pero por lo general es complicado encontrar lo que uno realmente quiere hacer. Pero creo, también, que en este programa ése debe ser el punto de partida, que cada uno se pregunte qué quiere hacer, qué le hace feliz, qué le dan ganas de levantarse cada día.

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