martes 16 de agosto de 2011

A la expectativa

Sigo a la expectativa de que me llamen "del olimpo". Lo escribo a propósito con minúsculas. Ya no sé si es parte de un juego perverso, "a ve quién se desespera primero" o, simplemente, su ineficacia se impone. En fin. No hay más que esperar y tratar de hacer algo útil.
Hoy hace catorce años nos casamos mi Colocha y yo. No tengo palabras para describir lo que estos años han sido. Pero tampoco tengo duda cuando volteo a mi interior y me digo: soy feliz. Es lo que yo quería.
Por la mañana temprano me fui a correr a la pista de tartán, a pesar de que tenía más frío y flojera que de costumbre. Di mis ocho vueltas, durante la primera de las cuales vi un espectáculo asombroso: del lado de la Malinche salía el sol, como por abajo de las nubes, con unos tonos naranja, dorado y rojizo dignos de admirarse. Al dar la vuelta, del otro lado, el Popo y el Izta lucían esplendorosos, con la primera luz del día, en morados y azules plomizos memorables. Caray, con eso bastaba para seguir el día de buen humor.
Leo en el periódico un buen artículo de Blancarte sobre la gira de la cápsula de la sangre de Juan Pablo segundo. A ver si les funciona. Porque, como dice el autor de la columna, más bien parece un retorno a la edad media. Allá sus devotos. Que ellos lo vean.

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