miércoles, 24 de agosto de 2011

De madrugada

Hoy muy temprano, un poco después de las tres, nos despertamos la Colocha y yo y algo platicamos. En medio de algunos encuentros con la energía y lo sobrenatural, resultado de lo cual la mejor muestra es mi contractura y dolor de cuello y hombro, como nunca, que a ratos se vuelve casi insoportable y no me deja dormir, o dormir a ratos. Ya estuve dándole vueltas y decidí que esto sólo puede mejorar. Voy a tener paciencia y a ser consciente para no desesperarme, que parece la salida más fácil.
A propósito de la teoría de Bauman, y el cambio de la sociedad sólida, proveedora de seguridad, a la sociedad líquida, que parece implicar la incertidumbre de manera casi permanente, como esos puntos de presente simultáneos, numerosos y prometedores, nos sentimos rodeados de cambios, de movimientos y situaciones que no siempre entendemos. Hay enojos, cambios, incertidumbres, dudas.
Le decía yo que, creo, hay que volver a lo básico. Y, en ese sentido, preguntarnos qué nos hizo estar juntos. Por un lado, el amor que descubrimos y un día apareció suficiente para, como diría Alberoni, desorganizar y reorganizar nuestras vidas. Y, también, la búsqueda, idealizada si se quiere, de hacer algo por los demás. Hoy en día la bendición más grande son nuestros hijos, inquietos, preguntones, ansiosos de crecer y saber más, y a ellos hay que atender. Y no dejar de buscar alrededor, abrir los ojos, los oídos y el corazón, para ver qué podemos hacer por los demás, o cómo podemos encontrarnos con otros, seres humanos que sienten, sueñan, se equivocan, luchan. Definitivamente, un criterio de validez en las decisiones es que nos deje en paz. Que así sea.

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