Y ahora en casa, buscando papeles para completar el cv único para el doctorado, me encuentro, oh sorpresa, con una copia de mi poema que ganó en páginas neobíblicas en 1996, y que hacía tiempo buscaba sin éxito. También me encontré un par de cartas autógrafas de José María Vigil cuando me notificó del resultado de concurso y el premio, y otra más de alguien de Brasil, en portugués. Me dio gusto reencontrar mi poema, y aquí va, en español.
El rebelde Jeremías
Cuando, Señor, vengo a ti,
con el corazón cargado de preguntas,
tú amor es siempre más fuerte,
me vence y me conforta.
Sin embargo, hoy me atrevo a preguntarte:
¿por qué viven tan tranquilos
-y con tanto cinismo-
los malvados,
mientras tu pueblo se desangra
y muere?
Míralos:
a su paso sólo dejan
demagogia y corrupción.
Sus absurdas leyes
y sus ajustes económicos
se multiplican,
para estar seguros ellos,
sus amigos,
sus intereses...
Tú conoces mi corazón
y mis sentimientos:
sabes que anhelo
la llegada de tu Reino.
Hoy te imploro:
haz que fracasen
sus planes y proyectos,
que se acaben sus reuniones,
y que queden en el olvido
sus acuerdos mentirosos,
sus bancos y sus jueces,
pues su único dios
es el dinero.
Que se acaben ellos
y en tu pueblo
renazca la esperanza
como la hierba en los montes.
Y recuerdo, como si fuera ayer, esa ermita oscura y húmeda, en San Arturo, allí donde nace el Euseba, donde escribí el poema.
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