martes, 21 de junio de 2011
De cada día
Cuando cada mañana llevo a mis hijos a la escuela, lo primero que me encuentro de frente es el majestuoso paisaje de los volcanes, el Popo a la izquierda, el Izta a la derecha. Ayer, por ejemplo, ambos tenían nieve en la parte más alta y mis hijos exclamaron de admiración porque, además, el Popo tenía una pequeña fumarola blanca que lo hacía lucir imponente. El Izta, por su parte, parecía más que nunca una apacible mujer dormida. El cielo era azul y transparente. Hoy, en cambio, había un leve chipi chipi que nos hizo correr al carro. Y en lugar de volcanes había una densa neblina y un cielo húmedo y opaco. Otro día, sin duda.
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