sábado, 24 de abril de 2010

Sobre la educación

A menudo los padres y madres, por lo menos de niños pequeños, es lo que yo he vivido, hablamos de educación y escuelas. Parece que siempre andamos en búsqueda de, si no la opción perfecta, acabada, la mejor opción. Los elementos que influyen en la percepción de la mayor o menor bondad de una oferta concreta, creo, son, por ejemplo: el precio, el dominio de un sistema, la coherencia con la educación familiar, la oferta de actividades extras, la posibilidad de hacer relaciones, ya sea los niños o los mismos padres.
Hace poco me encontré con un buen amigo que, me decía, finalmente encontró una buena opción para sus hijos. El último año en la escuela anterior no fue solo malo sino, decía, fatal. Los cambió a otra, también particular, un poco más cara pero con beca, y la sensación de sus hijos cambió radicalmente, para bien.
De regreso de Chiapas, Paco y Flor nos contaban que Lekil ya no va a la escuela. Llegó a primero de secundaria y ahora la estudia abierta. Sus papás son pedagogos y le asesoran y le ponen a estudiar en casa. Estaban cansados de la violencia en las escuelas, del famoso bullying. Ahora, dicen, ella está feliz, aprendiendo. Nos dicen también que Betito seguramente no irá a la escuela. Sus papás trabajan en las comunidades, van de una a otra, animando precisamente los trabajos educativos en escuelas alternativas. Cuando está en una comunidad, entra a la escuela, luego van a otra y entra a la escuela. Así va, de una a otra. Sus papás no creen en la escuela como está organizada por el sistema. Interesante.
El otro día en una reunión me pasaron un artículo que salió este mes en Letras Libres, de Gabriel Zaíd, sobre la farsa de los títulos. En resumen, insiste en que tener un título no es garantía de nada. Si acaso, lo que otorga un título es la posibilidad de no ser discriminado. Por eso se vende como mercancía. Significa la posibilidad de entrar al mercado: del trabajo remunerado a cierto nivel, de las relaciones para hacer negocios, etcétera. Pero, aclara, no nos hagamos ilusiones. En el acceso a los mejores puestos, los mejor pagados, influyen más las relaciones que un título rimbombante. De acuerdo.

martes, 20 de abril de 2010

En una reunión

Siempre estoy con la cabeza en otra parte. ¿Dónde ando? ¿Qué quiero? ¿Qué es lo que mueve mi corazón? ¿A dónde vamos como familia? ¿Cuál es nuestro proyecto, nuestro ideal de vida?
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Mi pregunta básica es: ¿qué tanto la universidad quiere trabajar en el mundo rural? Y al decir "la universidad", pienso en las personas concretas que toman decisiones y, por lo tanto, pueden decir "sí" o "no". Ese es el primer y fundamental punto que hay que resolver y dejar bien claro.

jueves, 15 de abril de 2010

Las Ocho Erres

Hace quizá mes y medio, o algo así, tuve oportunidad de escuchar a Serge Latouche en la ibero. Me pareció interesante la enumeración de las ocho erres:
1. Reevaluar. Revisar valores. El ocio y el trabajo. La alegría de vivir.
2. Reconceptualizar. Cambiar el punto de vista.
3. Reestructurar. Los modelos de consumo. Las relaciones sociales.
4. Reubicar. Consumir productos locales.
5. Redistribuir. Acceso a los recursos naturales. Vida digna.
6. Reducir. El consumo de recursos. Menos trabajo, más tiempo libre.
7. Reutilizar. Superar la obsesión del consumo.
8. Reciclar.

Además, encontré rescatable lo relativo a los tres pilares para el consumo:
1. El sistema de mercadotecnia, que despierta el deseo de satisfacer una supuesta necesidad. Y que antes incluso de ser satisfecha, ya quedó superada por otra.
2. El crédito, como la posibilidad de endeudarse para seguir consumiendo, y cada vez más.
3. La obsolescencia programada, de los productos y bienes. En determinado tiempo, cada vez menor, el objeto quedó fuera (del mercado, de moda) aunque pueda seguir "funcionando".

El asunto, después de la conferencia, es buscar las posibilidades reales de concretar, y decidir hasta qué punto, todo esto en la vida real. Allí queda para seguir pensando y dándole vueltas.

El cuerpo del consumidor

A falta de palabras propias, retomo una frase de Bauman, en Vida Líquida, que me llamó poderosamente la atención. Lo leí en Cuetzalan.

"El cuerpo del consumidor, pues, tiende a ser una fuente particularmente prolífica de ansiedad perpetua, agravada por la ausencia de desembocaderos establecidos y fiables que permitan siquiera aliviarla (para cuanto más, desactivarla o disiparla)."

Clave, me parece, para entender y explicar mucho de la visión actual, por lo menos del clasemediero citadino, del propio cuerpo, la relación con sí mismo. Ahora estoy leyendo, de Bauman, su Ética Posmoderna.