Me propongo hacer cosas pequeñas pero que me permitan agarrarme a un cachito de esperanza. Por ejemplo, ya empecé mi composta con las sobras de comida, y allí va. Estoy también separando la basura para reciclarla, pet, cartón, papel, plástico. Ya hablé con las de Chanonillistli en San Andrés y dicen que les interesa, que todo lo reúsan. Quizá, intuyo, la participación en organizaciones locales, sea una manera concreta de construir la esperanza. A ver qué pasa.
jueves, 26 de febrero de 2009
Construir la esperanza
A menudo, en estos días, me he descubierto platicando con mis amigos sobre la desesperanza que me da voltear a ver nuestra vida pública. Las razones abundan. Por ejemplo, los topes que inundan nuestras calles y parecen negar nuestra posiblidad de educarnos en el respeto a los demás mientras vamos al volante. Otro ejemplo: cierran las avenidas principales que conectan a Puebla con Cholula, las tres al mismo tiempo, la recta, forjadores y la atlixcáyotl, y ni un letrerito que avise, no digamos que oriente sobre las alternativas. Más: hoy llego a la universidad y veo el flamante y elegantísimo auto de lujo, negro y sin una mota de polvo encima, de una de las autoridades. Por supuesto, cerquita de la puerta principal, ocupando un lugar destinado a los minusválidos. Adentro, el personaje en cuestión se paseaba, orondo, como estrella en alfombra roja. Qué horror.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Puras decepciones
Desde hace días quería escribir algo sobre las decepciones que me amargan, a veces, los días. Y no me refiero al partido que, como esperaba, los ratones verdes perdieron ante los gringos en el futbol. Eso, en realidad, es peccata minuta, casi nada.
La decepción es, primero y de nuevo, de la suprema corte de justicia en el caso Atenco. Al oír o leer sus sesudas y jurídicamente perfectas argumentaciones, pienso en aquello de León Felipe: cualquiera sirve para enterrar un muerto, menos un enterrador. O acaso, me pregunto, ¿a alguien le queda duda de los abusos que cometieron las "fuerzas del orden" contra los ciudadanos? De acuerdo, hubo quizá exceso de fuerza también del otro lado, cerrazón, lo que se quiera. Pero, insisto: ¿alguna duda, despué de ver, por ejemplo, aquella imagen de los policías golpeando hasta a los perros que se les atravesaban en el camino? Eso basta para contestar. A mí no me queda duda. Y mi decepción se vuelve pregunta: ¿por qué aquí ningún político asume el costo de sus decisiones? ¿por qué "no pasa nada"? Y me digo que mientras no haya políticos de peso en la cárcel, sigue la decepción.
domingo, 1 de febrero de 2009
Mi insomnio de hoy
Es muy temprano, quizá las cuatro de la mañana, y me despierto. No lo sé con exactitud pues el reloj de buró está parpadeando porque ayer lo desconectaron y no lo he puesto a tiempo. Me da sed y voy a la cocina y me sirvo, a oscuras, un vaso de agua. Siento la barriga pesada por la media hamburguesa que cené anoche, sin mucha hambre. Quizá también hicieron su efecto el par de wiskies con agua mineral que me tomé mientras veía el futbol. Me volteo y abrazo a mi mujer, pero no logro dormirme. Por mi cabeza da vueltas lo último que me dijo anoche, antes de dormir, que la vecina le había contado que en su casa de Momoxpan se habían metido a robar, y que por eso mejor pusieron protecciones en la casa junto a la nuestra. No sé qué pensar. Mejor decido que tengo mucho que hacer y me levanto a leer los avances de reportes de servicio social de este semestre. Leo ocho o nueve mientras tomo café y escucho música suave. A ratos me meto a internet y leo las noticias. Alrededor todo es silencio y oscuridad.
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