miércoles, 18 de marzo de 2009

Crónica bicicletera

Eran unos minutos antes de las siete cuando llegué al centro de Cholula, San Pedro, y además de mí sólo estaba Eric. Un rato después vimos llegar a Iván y nos preguntábamos si alguien más se haría presente para la rodada, quizá porque la cita parecía inusualmente temprano. Afortunadamente llegaron más y un poco más tarde salíamos 6 ciclistas, cuando justo al enfilarnos hacia la Miguel Alemán nos alcanzó Ricardo. Cambiamos de municipio por la ruta acostumbrada, y ya en San Andrés nos fuimos hacia Acatepec por la calle adoquinada que pasa por San Rafael Comac y que sería maravillosa si no fuera por los no sé cuántos topes que la adornan. Atravesamos la carretera federal y después de cruzar los primeros campos y de la bajada de grava con puente incluido, en Santa Martha, el grupo creció al integrarse Carlos a toda velocidad. Una primera subida más demandante, la que lleva a la secundaria de Chalchihuapan, ya muy cerca de la autopista, nos hizo sudar, pero reagrupamos y seguimos nuestro camino. Al llegar a Chalchihuapan tomamos inmediatamente a la derecha y disfrutamos una bajada totalmente rodable, en la que se alcanza buena velocidad sin mayor esfuerzo y que se disfruta más por los brincos naturales que le añaden emoción a la velocidad. El asunto es que luego vienen unos como canales que son el preludio de lo mejor, la bajada llena de piedras sueltas y tierra caliza que hacen muy difícil mantener el control. A ratos sobre la bici y otros empujándola seguimos avanzando. De repente nos deteníamos y veíamos del otro lado de la cañada lo que nos esperaba, la subida, pero definitivamente era más interesante ver cómo Gerardo bautizaba su nueva suspensión delantera de última generación, con… un rayón. Al llegar al plano cubierto de pasto seco nuevamente se rueda con gran facilidad. Yo iba justo atrás de Ricardo cuando hizo un extraño que resultó en un costalazo, afortunadamente sin mayor consecuencia que la pérdida momentánea de aire. La bici quedó atrás, contra un arbusto, literalmente patas, mejor dicho llantas, para arriba. Más adelante, ya cuando habíamos perdido el camino y buscábamos regresar a él entre milpas quemadas, bordeando el río, se me ocurrió hacerle caso a Gerardo, que iba encabezando al grupo, y gritó “a ver, brínquenla”. Era un vado muy empinado y allí voy. Se atoró la llanta delantera y la bici dio vuelta completa para caer… encima de mí. Afortunadamente nada grave, sólo el dolor en las palmas de las manos que recibieron el impacto. Me ayudaron a levantarme y a seguirle. Lo que ya veíamos venir nos alcanzó y no quedó de otra sino subir la larga, polvosa y tendida cuesta que nos lleva desde el plano hasta la parte más alta, allí junto al panteón del pueblo. Lo bueno de que no sea la primera vez es que cuando uno pasa por el basurero sabe que ya falta poco. Descansamos un rato y luego otro rato ya en el pueblo, en la tienda de costumbre, atrás de la iglesia del centro, donde algunos se tomaron un refresco y otros agua, cada quien lo que necesitaba. Cruzando la autopista seguimos derecho por el asfalto, rumbo a Chipilo. Al entroncar con la carretera federal nos metimos entre un grupo de ciclistas peregrinos que iban a ver a la virgen de los milagros, si mal no recuerdo. La bajada fue muy emocionante y sin percances, llegando el odómetro a los sesenta kilómetros por hora. Cruzamos Chipilo y nos enfilamos a Tonantzintla por un camino de terracería con harta basura a los lados y un letrero que dice, claro, prohibido tirar basura. Allí Carlos se despidió y el resto siguió por la carretera, ya a paso más moderado, hasta el centro de Cholula. El odómetro marcaba entre 39 y 41 kilómetros recorridos. Coincidimos en que lo importante no era la exactitud sino la diversión y el buen ambiente que, como de costumbre, fue la nota principal en el recorrido. Participamos: Gerardo, René, Carlos, Ricardo, Eric, Iván, Daniel y un servidor. Dominaron las biclas Merida, con tres, y las GT, con dos. Hasta la próxima.

No hay comentarios.: