La decepción es, primero y de nuevo, de la suprema corte de justicia en el caso Atenco. Al oír o leer sus sesudas y jurídicamente perfectas argumentaciones, pienso en aquello de León Felipe: cualquiera sirve para enterrar un muerto, menos un enterrador. O acaso, me pregunto, ¿a alguien le queda duda de los abusos que cometieron las "fuerzas del orden" contra los ciudadanos? De acuerdo, hubo quizá exceso de fuerza también del otro lado, cerrazón, lo que se quiera. Pero, insisto: ¿alguna duda, despué de ver, por ejemplo, aquella imagen de los policías golpeando hasta a los perros que se les atravesaban en el camino? Eso basta para contestar. A mí no me queda duda. Y mi decepción se vuelve pregunta: ¿por qué aquí ningún político asume el costo de sus decisiones? ¿por qué "no pasa nada"? Y me digo que mientras no haya políticos de peso en la cárcel, sigue la decepción.
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