jueves, 26 de febrero de 2009

Construir la esperanza

A menudo, en estos días, me he descubierto platicando con mis amigos sobre la desesperanza que me da voltear a ver nuestra vida pública. Las razones abundan. Por ejemplo, los topes que inundan nuestras calles y parecen negar nuestra posiblidad de educarnos en el respeto a los demás mientras vamos al volante. Otro ejemplo: cierran las avenidas principales que conectan a Puebla con Cholula, las tres al mismo tiempo, la recta, forjadores y la atlixcáyotl, y ni un letrerito que avise, no digamos que oriente sobre las alternativas. Más: hoy llego a la universidad y veo el flamante y elegantísimo auto de lujo, negro y sin una mota de polvo encima, de una de las autoridades. Por supuesto, cerquita de la puerta principal, ocupando un lugar destinado a los minusválidos. Adentro, el personaje en cuestión se paseaba, orondo, como estrella en alfombra roja. Qué horror. 
Me propongo hacer cosas pequeñas pero que me permitan agarrarme a un cachito de esperanza. Por ejemplo, ya empecé mi composta con las sobras de comida, y allí va. Estoy también separando la basura para reciclarla, pet, cartón, papel, plástico. Ya hablé con las de Chanonillistli en San Andrés y dicen que les interesa, que todo lo reúsan. Quizá, intuyo, la participación en organizaciones locales, sea una manera concreta de construir la esperanza. A ver qué pasa. 

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