martes, 13 de enero de 2009

Caminando en Chiapas II segunda parte

Sigo la transcripción de mi escrito. Compruebo cómo la escritura transmite emociones. 

va. 


Mientras caminamos entre una comunidad y otra, Paco me hace ver cuántas veces los hermanos nos pidieron disculpas “porque no hay bastante qué comer”, y de los varios padres que, al visitarlos en sus casas, se dirigían a sus hijos diciéndoles: “vete con los hermanos, para que estudies y tengas buena comida”. Es muy duro ver el hambre y, pienso, más duro aún el sentirla en carne propia. Es que es éste, precisamente, el tiempo en que más se sufre en las comunidades de la montaña: el maíz de la cosecha pasada ya se acabó o está a punto de agotarse, y las milpas nuevas están todavía sembrándose. El otro componente básico de la dieta indígena, el frijol, por su parte, escasea mucho y sólo se consigue a un precio definitivamente fuera del alcance de los castigados bolsillos indígenas.

 

***

 

Llegamos a una de las comunidades más pobres y más alejadas de los caminos. Aquí recibimos una contundente lección de solidaridad: poco después de pedir nuestra posada, una niña sale de la casa de al lado con una taza de botil, una especie de frijol grande, propio de tierra fría; un rato después, uno de los catequistas trae él mismo su cooperación, que consta de varios huevos; luego, un niño llega a la casa con varios zapotes; finalmente, otro de los catequistas manda a su hijo con tres pacayas “para los hermanos”. Veo lo que sucede delante de mis ojos y pienso que el compartir de los hermanos es así, sin muchas palabras. 

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