La coartada perfecta podría ser la carga de trabajo. Este fin de semana larga me pasé buena parte del tiempo, levantándome temprano, leyendo versiones finales o casi finales de reportes de servicio social. Ya no tenemos cable pues estamos a la espera de cambiarnos a nuestra casa nueva y temprano me da sueño y estoy durmiendo más y, con el frío de estos días, mejor.
Pero la realidad es que simplemente no me llegan las ganas de escribir. He pensado, sobre todo mientras pedaleo la bici, en muchas posibilidades de escribir. Llega el momento y, siempre, decido posponer la escritura.
En el foro de la cátedra de la ibero estuve hace casi un mes. Algunas frases, algunos pensamientos me siguen acompañando. Casi me limito a transcribirlos, así como los atrapé al vuelo.
Decía Maru en su diálogo frustrado con el jesuita venezolano español, Pedro Trigo: la obediencia es una renuncia a la responsabilidad. Decía el jesuita: el encuentro vivo con Jesús de Nazaret. Y yo me preguntaba, y me pregunto: ¿qué es eso? y Juan Ramón, sentado a mi lado, me decía que, según Freud, es una especie de sublimación de un sentimiento de culpa, o algo así. Yo insistía en que me quedaba frío y solo.
Varias veces se repitió la necesidad, la urgencia decían algunos, de nuevos movimientos sociales. Y yo, de plano en mi escepticismo, decía para mis adentros: ¿cuáles? y me cansaba de escuchar idealizaciones llamadas movimientos, búsquedas, calificadas de alternativas. Crecía mi desazón y mi desánimo.
Fue evidente, y dolorosa, la constatación de la autosuficiencia y autorreferencia del lenguaje cristiano, eclesial, clerical. Como si fuera sal en la herida, me preguntaba dónde quedan los lazos de ese discurso con la vida humana de cada día, con la existencia cotidiana de los seres humanos de carne y hueso. De los que dudamos, de los que no nos tragamos simplemente lo que nos dice una u otra autoridad, o hacemos el esfuerzo al menos, de no hacerlo.
Touraine, y ésa fue su aportación para mí, habló de idistinguir un comunitarismo cerrado, autorreferente, de un comunitarismo abierto, en búsqueda de diálogos y de nuevas formulaciones. Maru decía que en lo individual sucede algo semejante. Hay un individualismo hedonista al que parece no importarle nada de nada, conviviendo con individuos que buscan redefinir el sujeto, los derechos, las búsquedas.
El título de la mesa de trabajo era: iglesia y religión, desafíos en una era que se acaba. Con mi compañero de banca decíamos, y yo salí convencido de su capacidad descriptiva, si no sería mejor llamarle: religión e iglesia que se acaba, desafíos en esta era. Me preguntaba y me pregunto si es posible todavía generar significado existencial desde una fe absoluta, inamovible.
Salía a flote, como otras veces, la importancia de la pasión por vivir, quizá, pienso yo, como única vía de salida.
En este desolador contexto, la sugerencia de Maru me parece más adecuada que nunca, cuando decía que la iglesia debería guardar unos cien años de amoroso silencio. Definitivamente, pienso, las palabras la han perdido.
En otra conferencia, una lectura muy interesante de Pablo Fernández C. Hablaba del fenómeno del descreimiento como algo muy de nuestros días, y formulaba: aunque sea verdad, de todos modos no es cierto. Y recordaba a Chesterton cuando hablaba del exceso de creencias.
Termino con una frase de Rosana Reguillo que decía que, pese a todo, es posible hoy construir esperanzas laicas. ¿Será?
2 comentarios:
Vaya, por tu desánimo, me parece que no me perdí de gran cosa en la cátedra, aunque deseaba fervientemente estar ahí. En fin, creo que las preguntas siempre serán más ricas que las respuestas por la infinita cantidad de soluciones que potencialmente tienen. Un abrazo.
HOLA PEPE:
ANDABA POR AQUI DESCUBRIENDO MAS DE LA TECNOLOGIA DEL INTERNET Y QUE ME ENCUENTRO CON UN BUEN AMIGO, TIENES UN MAIL PARA ESCRIBIRTE??? TE MANDO SALUDOS Y TE DEJO MI CORREO: fran_ki8@hotmail.com Atte. Francisco Garcia.
Publicar un comentario