lunes, 7 de abril de 2008

Retazos de estos días

Primero, una de cal por las que van de arena. Las de arena: el otro día comentaba yo, en casa de María, que la educación en nuestro país es un absoluto fracaso. Hablábamos de las contradicciones dentro y fuera del salón de clases, de miedo de las escuelas particulares a los padres de familia, de la falta de compromiso de buena parte del gremio magisterial al que, parece, sólo le importan sus prestaciones, sus vacaciones, sus permisos con goce de sueldo. Desde luego, la crítica ácida de la educación formal es un lugar común y hay que matizarlo, pero en el contexto eso se sobreentendía. La de cal: hace unas cuatro semanas fui a la sierra norte de Puebla a invitar a los y las jóvenes de varios bachilleratos a concursar por una beca dentro del programa que coordino, el de becarios de microrregiones. En Santiago Yancuitlalpan encontré un bachillerato en una ladera, desde donde se veía el fondo de una hermosa cañada, toda verde, vegetación tupida, imponente. Vi a los jóvenes, y sobre todo a las jóvenes, trabajando. Unas arreglando las hortalizas, otras cambiando el agua a las gallinas en sus bebederos y arreglando el suelo. Otras, sembrando maíz en la parcela escolar. Allí encontré a un par de profesores, ambos agrónomos, realmente interesados en que los alumnos hicieran algo. Nos hablaron del vivero que están levantando, del bambú que están sembrando, de la mezcla que harán de conejos con gallinas para que se beneficien mutuamente, y de los huevos que ya producen y se venden. Después, en San Antonio Rayón, me impresionó la limpieza y arreglo de la escuela. No se veía una basura en unos jardines perfectos, con el pasto cortadito, con flores, con árboles abundantes. Tienen a su favor el hecho de que, es tal el calor y la humedad, que prácticamente lo que tires, crece. Pero los salones se veían perfectamente pintados, de un amarillo muy bonito, como el que se usa en las casas coloniales. Por un lado estaba una nopalera que los muchachos estaban cuidando y limpiando. Del otro lado, perfectamente ordenadas, yerbas de olor, menta, orégano, albaca, yerbabuena, un montón de botellas de pet. Así se venden, nos decía uno de los profesores, mientras nos llevaba a una parcela donde siembran sus hortalizas y que, como está en declive, tiene marcadas varias terrazas con plantas de té limón. Igual, todo verde, tupido, increíble. Tenían también su invernadero, que por cierto había sufrido algunos estragos por unos vientos recientes. Los profesores nos comentaron que hace como diez años compraron un laurel de la india. Al día de hoy le han sacado más de cien hijos, la mayoría de los cuales forman una valla hermosa a todo lo largo del terreno, de un verde oscuro profundo. Y qué decir de la palapa con piso de cemento, muy alta y fresca, donde nos encontramos con los muchachs y muchachas de último semestre de bachillerato. Pensaba yo, mientras me comía unas sabrosísimas tortas de camarón que me invitaron, en lo diferente que sería la educación si hubiera más escuelas como esas que había visitado. Y por supuesto, más profesores comprometidos con su trabajo y más alumnos deseosos de trabajar. Mi opinión de la educación sería, definitivamente, otra.

1 comentario:

Cobayo dijo...

Y qué lo digas... y qué los digas...
Un abrazo.