viernes, 1 de febrero de 2008

Conócete a ti mismo

Algo así decía, creo, alguno de esos sabios griegos de hace muchos siglos y que solían usar mis profesores de primaria y secundaria para aleccionarnos. Sobre todo, claro, en clases relacionadas con religión, ética y anexas.
Lo traigo hoy a cuento porque a menudo pienso que ya tengo cuarenta años y no acabo de conocerme. Todavía dudo quién soy, cómo soy, qué esperar de mí, cómo aprovechar mejor mis talenos. En una palabra, cómo ser una mejor persona.
Esta semana conocí un instrumento muy interesante, el Myers Briggs Type Indicator, según la teoría que nos dio el instructor, relacionada de alguna forma con las teorías jungianas. Como suele suceder, una dificultad no fácil de sortear fue, al contestar el instrumento, contestar realmente desde lo que soy, y no desde lo que me imagino que los demás esperan de mí, o de lo que se supone que debería de ser, o de lo que me gustaría ser. El resultado fue, para mí, un INTJ. Introvertido, Intuitivo, Pensamiento, Juicio. A lo largo del taller de hoy, sin conocer el resultado, me fui ubicando y acerté a todas. Me gustó porque me permitió ver las cosas desde la preferencia. Ciertamente, supone que hay un algo innato que traemos integrado. Y allí es donde cada quien se siente cómodo, porque lo prefiere. Pero, nos decía Oliver, y eso fue un gran aporte, tú puedes aprender a manejarte en el otro polo. Tú escoges, tú aprendes, es tu responsabilidad. Por ejemplo, las ocasiones en que tengo que hablar con la gente, porque es parte de mi trabajo, he aprendido a ser extrovertido. En las ocasiones en que he aprendido, por ejemplo en mi familia, que las cosas no salen como yo las había planeado de manera ideal, he tenido que aprender, a fuerza, a ser flexible.
Recuerdo que el primer instrumento que contesté fue en segundo o tercero de secundaria, y definía los seis tipos básicos de personalidad en base a emotividad, actividad y secundariedad, y según esto yo era colérico, pero había un flemático, un apasionado, y otros que no me acuerdo.
Más tarde conocí la psicología transaccional y no recuerdo mucho, sólo que las recomendaciones finales apuntaban a ser más flexible con las reglas. Vino el eneagrama después, con muchos descubrimientos interesantes. Me pareció una propuesta muy compleja, muy útil con su pulsión dominante, pero aún ahora dudo un poco si de verdad soy cinco o quisiera ser un cinco.
El año pasado conocí el instrumento de los talentos de gallup, también con lo interesante de enfocarse en lo positivo. Sin olvidar el cleaver hace algunos años y el persuasivo diplomático.
Veo hacia mí y descubro esa permanente necesidad de saber quién soy. Me queda claro que no me agoto en un casillero, que soy mucho más que una clasificación, pero me sigue siendo muy útil explicarme mis coordenadas básicas. Así lo entiendo.
Porque sí, quiero seguir conociéndome a mí mismo.

No hay comentarios.: