(Casi un mes ha pasado sin escribir. Entre que he andado de arriba para abajo, y que no me llega la inspiración, casi se va septiembre entero, pero aquí estoy).
En 1947, en busca de una mejoría económica, quiso emigrar a los Estados Unidos que, entonces, tenía el programa de braceros temporales. Por alguna razón el programa se había suspendido en los centros de Guadalajara y el D. F., por lo que mi padre, entonces de 23 años, se dirigió al norte del país. Llegó a Empalme, Sonora, pues le dijeron que allí llegaban los americanos a buscar gente deseosa de trabajar del otro lado. Tampoco había lugares disponibles en ese momento. Llegó un ranchero del lugar a buscar trabajadores para sus tierras. Preguntó por alguien que supiera manejar tractores John Deere, ofreciendo una paga razonable, además de comida y hospedaje. Mi padre se mostró interesado, aunque le aclaró al dueño -un gordo que bufaba, me dijo- que él había manejado tractores pero de otra marca, no recuerdo cuál, allá en Sahuayo, con el ingeniero Arregui. El ranchero le dijo que no había gran diferencia y que, si se iba a trabajar con él, le recomendaría con el gabacho cuando viniera a buscar braceros para llevarlos a los Estados Unidos. Me fui, me contó mi padre, y me enseñó el ranchero cómo era la caja de velocidades de ese tractor, y a echarme en reversa, haciendo surcos de uno a otro lado. Trabajaba todo el día y me quedaba en unos cuartos de madera con techo de lámina. Una mujer nos preparaba algo de comer, frijoles, tortillas, café, y de allí me llevaba algo más para cuando me daba hambre en el campo. En las noches dormía, tenía un catre y una cobija y allí me quedaba sin problema. Algo logré ahorrar y me mantuve algunos meses en ese trabajo hasta que llegó un americano buscando braceros mexicanos. El ranchero me avisó y me presentó con él, haciéndome prometerle que, cuando se acabara el trabajo del otro lado, me regresaría a trabajar con él, pues le pareció que lo hacía bien.
El gabacho buscaba quiénes quisieran irse a Yuma, Arizona, a trabajar en los campos de brócoli, poniendo el riego y luego cosechándolo. Estuvo unos meses en el lugar, mientras hubo trabajo. Ya se había dispuesto a regresar junto con otros braceros cuando les dijeron que quién quería ir a donde había más trabajo, y mi padre dijo que él estaba dispuesto a hacerlo. Lo llevaron entonces a California, al Valle de Imperial, donde estaría trabajando, también en el campo, algunos años.