lunes, 6 de agosto de 2007

Andanzas en bicicleta

La bici de montaña ha sido, desde hace año y medio, una de mis mayores y mejores aficiones. Empecé con una Benotto con cuadro de acero, de doble suspensión, pesadísima. En realidad del tipo de bicis que parecen ser de montaña pero no aguantan mucho y poco ayudan, excepto porque uno se va habituando. En menos de medio año me eché el rin trasero, los pedales (de plástico) y el tubo del asiento, hecho para andar en la ciudad y que no soporta el traqueteo de una bajada en el cerro. De cualquier manera, fue un inicio interesante.
Hace poco menos de un año me compré mi bici actual, una gt avalance negra, sencilla pero bastante buena, con cuadro de aluminio. Se la compré a Ricardo, un amigo de travesías bicicleteras. Se deshizo de ella por la simple razón de que le quedaba pequeña, mientras que para mí es el tamaño ideal. Me ha dado un excelente servicio, pero ya empieza a notarse la calidad, baja, de algunos de sus componentes. El sábado iba con un grupo de bicicleteros a hacer una ruta muy interesante y demandante. Pasé por una parte lodosa, de subida, y zas, se me rompió el hanger, una patita que une el cuadro con el desviador trasero. Hubo que cortar la cadena, quitar el desviador y, después de mil malabares, pude rodar un rato hasta encontrar camión que me llevara de regreso a Cholula. Gajes del oficio. Nunca pensé que "un poco de lodo" pudiera ocasionar tal problema.
Ayer me la entregó lista el maestro bicicletero, afortunadamente encontró el repuesto original. Por la tarde amenazaba con llover pero mi deseo de probar cómo había quedado la bici era mayor. La volví a sentir en su plenitud, y pude ver el atardecer, un tanto sombrío por las nubes, sobre la mancha urbana del valle de Puebla. El popo estaba totalmente cubierto por las nubes pero aún así valió la pena.
Esta mañana me levanté temprano y me fui al cerro en mi bici. Subí por un camino poco frecuentado y un tanto demandante. Al alcanzar la primera planicie la vista era majestuosa: el popo de frente, con mucha nieve y una fumarola blanca. La luz del amanecer iluminaba sólo de allí para arriba. La parte de abajo permanecía como resistiéndose a la luz, en tonos violetas, azules, grises... A la derecha, el izta también con mucha nieve, era un mudo testigo que hacía majestuosa la vista. Con eso, simplemente, valió la pena, a pesar de la ponchadura de la llanta trasera y yo sin cámara de repuesto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Más que gajes del oficio, gajes de las pequeñas pasiones que nos hacen la vida más sobrellevable. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Y Chiapas, a dónde te ha llevado Chiapas? y el amor?