martes, 8 de mayo de 2007
Espacio público, nuestro espacio
Todos los días dejo mi carro en el estacionamiento que me asignaron, a tres cuadras de mi oficina. Al principio me indignó que no me hubieran dado un lugar más cerca, pero luego le encontré las ventajas: me queda más fácil salir de allí para ir por mis hijos a la escuela a una hora de tráfico criminal, las dos de la tarde; y la más evidente, me permite caminar todos los días, aunque sea un poquito. De camino me queda un perro en un balcón, al que siempre que veo le enseño los dientes y se pone frenético. Supongo que si estuviera libre me comería de un bocado. sigo mi camino y me alegro que no sea así y en mi fuero interno, aunque sea políticamente incorrecto para sus defensores, me regocijo con mi instinto antianimalesco o, mejor, antiperruno. Pero luego está el chedraui que recién inauguraron. Siempre, y no exagero, tienen la calle invadida: o son camiones descargando mercancías, en reversa y en tercera o cuarta fila, o "apartan" la cuadra entera con sus plataformas para uso del montacargas, o los tráilers están estacionados desde temprano, quizá desde la noche anterior, como diciendo: nosotros ganamos el lugar y a ver, quítenos o jódanse. ¿Qué puede hacer un simple ciudadano de a pie que necesita estacionarse por allí? ¿echarles bronca? lleva todas las de perder porque son muchos, presumiblemente más duchos en el arte de la defensa, contra uno. ¿Acusarlos con el departamento de tránsito municipal? seguramente no les importa, pues no puede haber mordidas de por medio, se trata de una megaempresa y no se van a pelear con ellos. ¿Llorar? no resuelve nada. ¿Encabronarse y mentarles la madre? tampoco. Hoy fue especial: con el montacargas se subieron a la banqueta, transportando esas tarimas de uno a otro lugar. Los vi venir (uno sobre el montacargas y otro caminando a su lado) y automáticamente sentí que me cambió el rostro y me les quedé viendo. Yo sé que ellos no son dueños del changarro, son empleados, etc., pero así se da la convivencia cotidiana, con sólo el metro que nos separa cuando nos cruzamos, independientemente de que nos conozcamos o no. Y allí llego al asunto de esta reflexión. Cómo hemos perdido control sobre los espacios públicos, por las mordidas, por los intereses creados, por la corrupción, por las excepciones, compadrazgos, nepotismos y relaciones similares. Los ciudadanos, los que pagamos impuestos y también los queno pagan, nos jodemos y nos aguantamos, no hay de otra. ¿Y mientras, las autoridades que dizque elegimos? bien, gracias.
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